DE LA MOQUETA AL POLÍGONO (capítulo xxxiv)

LA BANDA ESTÁ BORRACHA

A finales de 1999 estuve trabajando en el Fondo de Investigación Sanitaria a las órdenes de su director Carlos Prieto, puesto que mas tarde heredaría. Carlos era un nefrólogo que había contribuido a la puesta en marcha de los trasplantes de riñón en España, pero su verdadera pasión era la música y la poesía, era amigo del poeta Carlos Bousoño o del director de orquesta Antoni Ros-Marbá. Un día que fui a la Zarzuela a ver ”Otra vuelta de tuerca” de Britten dirigida por Ros-Marbá le pedí que le llamáramos por teléfono para felicitarle por la impecable ejecución orquestal. Aquello le llenó de gozo y me cogió tanto cariño que me ofreció su bien mas preciado, ocupar temporalmente su puesto como médico de la Orquesta Nacional de España (ONE) que salía de gira por Europa.

La expedición se puso en marcha rumbo a Lens, ciudad francesa donde la ONE daría su primer concierto. Llevábamos como director invitado a Cristóbal Halffter que viajaba con su esposa, a la hora de las comidas me sentaba con ellos y con el concertino Víctor Martín (qepd), allí me enteraba de todas las cuitas de la orquesta que eran muchas. Había un problema laboral de fondo en aquella época que se reflejaba en la anarquía reinante. Los mas revoltosos eran los de la sección de viento, todos ellos valencianos, que iban siempre a su aire, nunca mejor dicho. Bebían como cosacos, pero no era los únicos, el concertino daba mal ejemplo y yo tenía que multiplicar mis atenciones médicas repartiendo omeprazol a paladas.

Le comenté a Cristóbal Halffter que mi abuelo había sido amigo de Ernesto, discípulo de Falla y el verdadero genio de la familia, y que yo era gran admirador de sus composiciones. Tal admiración no la compartía la orquesta que se quejaba de tener que interpretar sus caprichos atonales, de hecho en el programa había intercalado entre el “Amor brujo” y “El concierto de Aranjuez” una de sus partituras. Llegó la hora del ensayo y se dieron de baja por enfermedad varios miembros en los que tan solo apreciaba los efectos del exceso de alcohol. A la hora de tocar la pieza de Halffter hubo poco entusiasmo, si bien no se sabía si desafinaban o si era fiel reproducción de la partitura. Afortunadamente el día del concierto se impuso la profesionalidad y no hubo incidentes.

La siguiente escala fue Tréveris, ciudad alemana donde nació Karl Marx. Llevábamos ya varios días de gira y los ánimos estaban caldeados. La sección de los violines, mayoritariamente ocupada por eslavos, estaba en huelga y según me explicaba Víctor Martín se negaban a subir el codo mientras tocaban. Los valencianos por su parte seguían a lo suyo y el pobre director andaba desesperado. Para colmo tuvieron que tocar en una sala que no reunía condiciones. Todo esto me fue muy útil, comprendí que ni siquiera las grandes orquestas se libraban de las miserias que se vivían a diario en la moqueta y que no me faltarían en el polígono.

Y EL YIYO SUBIÓ A LOS CIELOS

(foto de Embustero)

En la búsqueda del sentido de nuestra existencia la tauromaquia resulta iluminadora. Si los ritos funerarios siguen vigentes en nuestra sociedad es porque en ellos buscamos un sentido de transcendencia, no nos conformamos con un fallecimiento que apaga para siempre la presencia de un ser querido.

Los ritos de vida y muerte forman parte de la naturaleza humana desde la noche de los tiempos, en todas las culturas y religiones el hombre ha creado diferentes formas de enaltecimiento de los muertos a sabiendas de que al final seremos uno de ellos. Los sacrificios han formado parte de estos rituales, en épocas pretéritas incluyendo los humanos, pero siempre incluyendo sacrificios de animales. Los corderos han sido víctima característica.

El ideal kantiano, considerar a cada persona no como un medio sino como un fin en sí mismo, es relativamente reciente. La razón dicta que extender este ideal kantiano a los animales va en contra la naturaleza humana y presenta además múltiples problemas prácticos. No hay que confundir el tratar con respeto a los animales con el considerarlos como un fin en sí mismos.

La tauromaquia es un rito funerario basado en el respeto a los animales y con un componente artístico indudable. Resulta difícil imaginar una actividad mas acorde con la naturaleza del hombre. La cría del toro bravo es una afición donde el romanticismo es imprescindible y que tiene una contribución obvia al sostenimiento ecológico y económico de la vida en el campo. La decisión de hacerse torero conlleva un elevado concepto moral, al decidir poner la vida al servicio de ideales que competen a toda la sociedad. El soldado, como el torero, merece un infinito agradecimiento. Así, en las sociedades educadas, la gente se pone en pie cuando entra en una estancia un héroe de guerra o un maestro del toreo a sabiendas de que estamos delante de seres superiores que han sabido enaltecer su propia existencia y contribuir a crear una sociedad mejor.

Solo la ignorancia o el fanatismo puede oponerse a la fiesta de los toros.

DE LA MOQUETA AL POLÍGONO (capítulo xxxiii)

ÍNGRIMA Y SOLA

En 2010 me encargaron la misión de discutir con las autoridades sanitarias de Guatemala la aprobación de la polypilll de Ferrer. Me avisaron que en ese momento era el país mas peligroso del mundo y que extremara las precauciones. Me fue a buscar al aeropuerto en su todo terreno la señora Von Scheel, una mujer ciertamente valerosa. Me prohibió salir del edificio del aeropuerto hasta que ella acercara su vehículo, momento en el que yo debería salir corriendo y subirme. Iba acompañada de su pareja que era un español dueño del Colegio san Patricio de Madrid, al que casualmente iban mis hijos. Les pedí que me llevaran a la Plaza de Armas de Ciudad de Guatemala, aquella que el Nobel Miguel Ángel Asturias  glosaba en su novela “El señor Presidente” como “íngrima y sola”. No me dejaron bajarme del coche, decían que se veía a distancia que era español y me asaltarían. Eran gente culta y me hicieron muy grata la estancia, sobre todo cuando visitamos Antigua Guatemala, una bella ciudad colonial al sur del país donde reinaba la paz. Tenía el encargo de visitar a los padres de Bea, la mujer guatemalteca de Juan Rivera, viejo conocido del blog de Arcadi bajo el nick Blondo Bebé. Con Bea había colaborado durante mucho tiempo en su revista Kiliedro. Sus padres vivían en auténtico bunker pero parecían dispuestos a seguir viviendo allí. El padre coleccionaba coches antiguos y nos fuimos a cenar en un magnífico convertible, parecían conocer circuitos donde no había peligro.

Llegó el momento de la cita  con las autoridades sanitarias, aparcamos el coche y al bajarnos se inició una balacera que nos obligó a refugiarnos debajo del vehículo. Esperamos un rato y entramos al edificio donde tuvo lugar la reunión en la que  les expliqué las bondades de la polypill. No me hicieron ninguna pregunta, me invitaron a una “refacción” y me pidieron que les contara cosas del sistema sanitario en España. La señora Von Scheel me pidió que repitiera mi charla en un par de escuelas que dependían del Opus y donde reinaba un sorprendente orden.

En 2012 tuve que repetir la visita en Managua, la capital nicaragüense. Esta vez me recogió el responsable de nuestra compañía y no hubo atisbo de problemas de seguridad. La ciudad estaba devastada, solo había dos edificios con una mínima prestancia, el hotel y la Oficina Electoral. Me llevaron navegar por el lago Managua, una inmensa superficie de agua donde había tiburones y donde los ricos tenían sus mansiones situadas en pequeñas islas. Estuvimos también en León, una magnífica ciudad colonial donde se rinde culto al “Chepito” Areas, su ciudadano mas insigne. Llegó la hora de visitar a las autoridades sanitarias, me recibió una señora cubierta con un pañuelo y una mascarilla que me advirtió que no estaba la farmacóloga, por lo que la reunión no podía tener lugar. Protesté airadamente, advirtiendo que venía desde España a una cita que ellos me habían pedido. Llamaron a Seguridad y me acusaron de haberles robado el ordenador que llevaba.  No sé cómo conseguí salir de aquella oficina siniestra, me fui al hotel a tomar unos combinados y a charlar con las bellísimas camareras. Ventajas de ser un caballero español de fina estampa.

DE LA MOQUETA AL POLÍGONO (capítulo xxxii)

HEROINE, IT´S MY WIFE AND IT´S MY LIFE

Así cantaba la Velvet Underground con Nico y Lou Reed en 1967 su canción “Heroine” en el disco del plátano. La epidemia de heroína en España en los años 80 supuso un gravísimo problema de salud pública, ello llevo al Gobierno de González a crear la Delegación del Gobierno contra la droga donde ocupaba un cargo relevante mi amigo Santi de Torres. Le propuse a mi jefe, un mallorquín tranquilo llamado Pere Ventayol, que el Ministerio pusiera en marcha un gran ensayo clínico para medirla eficacia de la naltrexona en el tratamiento de los heroinómanos. Aquella idea gustó a los políticos, vino a verme a Majadahonda Joaquim Camprubí (qepd) para que fuera a visitar a Santi y explicarle el proyecto. Camprubí me caía muy bien, su suegro era Gustavo Bueno y me proveía de todos sus libros, pero aquel día me sorprendió. Como le dije que viniera Santi a verme en vez de ir yo, me dijo: “¿Cómo va a venir Santi a verte si él es un nivel 30 y tú un 26?”.

Aunque no fui a verle, andaba muy sobrado en aquella época, el proyecto se puso en marcha con fondos de la Delegación del Gobierno. El operativo implicaba una docena de hospitales en toda España y los psiquiatras respondieron muy bien, se consideraba un asunto prioritario. Cuando estaba terminando el estudio le dije a Ventayol que necesitaba un ordenador para procesar los resultados. Se quedó de piedra ante tan insólita petición de la que no había precedentes, estábamos en 1985, pero de nuevo el interés político hizo su efecto, me enviaron inmediatamente a mi despacho de Majadahonda un IBM 286 nuevecito.

Al abrir la caja me llevé una sorpresa, estaba desmontado y no había instrucciones. Pedí ayuda al Ministerio pero me dijeron que ellos ya habían cumplido, que me buscara la vida. Me acordaba que Jesús Acebillo tenía un hermano que era ingeniero y le solicité auxilio. Se presentó un sábado en mi despacho pero no dio crédito a lo que vio, aquello era un auténtico mecano. Tardamos tres sábados en montarlo, el proceso era tan tedioso que llevábamos música, bebidas y chicas para entretenernos. Por fin se encendió la pantalla negra con letras verdes, aquello funcionaba. Recurrí a otro amigo, Fernando Rodríguez Artalejo, para hacer el análisis estadístico. Por fin publicamos el estudio del que surgieron grandes amistades entre los que colaboramos. Allí conocí a Luis San, el psiquiatra que luego nos ayudó a tratar a Arturo Marian.

Hoy resulta difícil de entender, pero entonces todos los que colaborábamos en aquel proyecto creíamos estar haciendo algo importante. Con todas las limitaciones propias de la época políticos y técnicos trabajamos juntos lealmente. Nadie cuestionó que fuera yo el primer firmante del artículo, había todavía fair-play.

DE LA MOQUETA AL POLÍGONO (Capítulo xxxi)

COITUS INTERRUPTUS

Corría 1995 cuando recibí una jugosa oferta para irme a trabajar a Alonga, uno de los laboratorios de la familia Llagostera que acababa de ser comprado por Aventis Pharma. Esta familia era conocida sobre todo por las actividades de Yeyo Llagostera en Marbella que se codeaba con la Jet set de la época y que terminó en la cárcel en la época de Julián Muñoz, el novio de la Pantoja. Mi Llagostera, Francisco, era un tío serio y la oferta que me hizo para ser Director Médico colmaba todas mis aspiraciones entonces. Se lo comenté a mi jefe, José Ramón Ricoy, que era el Director del Instituto de Salud Carlos III. Ante mi sorpresa puso el grito en el cielo y me dijo que España necesitaba gente como yo en el sector público, le escribió una carta a Llagostera rogándole que rompiera por patriotismo el contrato que habíamos firmado. En mi ingenuidad, tenía 35 añitos, me lo creí todo. Ricoy me nombró director del Centro Nacional de Farmacobiología de Majadahonda pero al poco tiempo los socialistas perdieron las elecciones y tuve que someterme al periodo de desnazificación ya comentado en un capítulo anterior.

En 1998 hice un nuevo intento de abandonar el sector público, había recibido una oferta del gallego Enrique González-Hervada, director general de Farmaindustria para incorporarme como director técnico de la institución. A tal efecto me citó con un abogado de la entidad para firmar el contrato según las condiciones que habíamos pactado. El tal abogado era otro gallego un tanto obtuso y no había forma de entendernos, parecía no saber nada del contrato por lo que llamé cabreado a Hervada. Éste me vino con el cuento de que había recibido una carta del Subsecretario del Ministerio recomendando que no me contrataran. No daba crédito, efectivamente Enrique Castellón, también gallego, había escrito una carta delirante afirmando que tenía demasiada información de la Administración y no convenía mi paso al sector privado. No había   ninguna base legal que impidiera mi contratación pero entre todos estos taimados gallegos me hicieron el lío.

No había forma de salir de la ratonera, aunque parezca inverosímil viví un tercer episodio en 2001. En este caso fue el presidente de Farmaindustria, entonces Jesús Acebillo, el que me ofreció el cargo de director técnico. De nuevo el Subsecretario, entonces Julio Sánchez Fierro, se opuso por motivaciones patrióticas, me necesitaban en el Ministerio. Me nombró director de la Agencia Española del Medicamento y posteriormente Director General de Farmacia, pero, ay, en 2004 perdieron las elecciones y vuelta a empezar. No me volví a dejar engañar, ya era perro viejo, en 2007 salí de aquel agujero para no volver nunca.

OSSA ENDURO

A los 18 años mi cabeza solo se ocupaba de la Enduro y de Guadalupe, era ciertamente ignorante y fanático, me dio por las motos, la música y las mujeres y la verdad es que no he evolucionado mucho.

De Guadalupe poco puedo decir más que era muy guapa y me hacía poco caso, de ahí mi melancólico gesto. La Enduro me daba mayores satisfacciones si bien era una verdadera carraca. La compré de enésima mano y excepto el motor de 2 y medio que tenía un tirón como si fuera la moto de Santi Herrero, lo demás era desastroso. Bastidor soldado, horquilla torcida, amortiguadores muertos, te dabas unas hostias que paqué. No obstante para mis amigos Pedro y Elíseo era objeto de deseo y andaban detrás de mí para darse un rulo. Compré un motor de 5 marchas nuevecito que me facilitó un colega de Marcos (era robado, claro) y nos fuimos al taller del padre de Jajaime a montarlo. Al final le coloqué el engendro a un dependiente de Azules de Vergara donde nos proveíamos de vaqueros.

Pasaron muchas más cosas, pero no debo contarlas. Todavía vivía el Caudillo, pero le hacíamos poco caso. Gracias a un delirante ministro suyo, Julio Rodríguez, cambió el calendario universitario y de rebote hice primero de Medicina en tres meses en el CEU de Claudio Coello. Cuando fui a recoger las notas, un 20 de diciembre del 73, hubo tal explosión que encontré la Enduro en el suelo a diez metros de donde la había aparcado. Había aprobado todo y el Almirante había sido asesinado en un brutal atentado.

FERNANDITO EN LA CENA DE COU

Corría 1972, era el primer año de COU y lo cursé en el Colegio España, un sumidero de repetidores y estudiantes conflictivos. Me llevó a la cena Manolo , el portero de Pedro Z. a bordo del Audi de su padre. Como era habitual en nuestras salidas nocturnas me presenté con smoking, gafas oscuras y puro habano, al mas puro estilo gansteril. Resulta fácil imaginar que los profesores me odiaban, mientras que mis compañeros me trataban con respeto reverencial y las chicas me mimaban, la imagen de “chico malo” funcionaba. En la foto está de cuclillas mi amigo Carlos Segovia, con cuello de cisne Luisito Yagüe cuyos padres regentaban las pastelerías La Oriental, famosas en el barrio.

Cuando llegué a la cena, momento de la foto, ya andaba bastante cocido. Pedro, Manolo y yo habíamos estado tomando unos vinos y charlando. Recuerdo que armé bastante bulla en la cena pero todo acabó bien con grandes efusiones de amistad. Lo que no acabó tan bien fue mi curso, solo aprobé el inglés y no dudo que el profesor que era medio cegato se equivocó. Me quedaron las restantes veinte evaluaciones pese a que había aprobado varias. Me quisieron dar un escarmiento disciplinario y así lo acaté, ni un gesto de protesta. Iba por el mal camino y la verdad es que me gustaba.

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